
Los paises que disponen de caudales fluviales abundantes y constantes obtienen amplios beneficios de la energía hidráulica, pues el agua dentro de un ciclo cerrado como éste se considera un recurso inagotable, cuyo uso además es gratuito. Como ventaja adicional, y frente a las dificultades técnicas que supone el almacenamiento de la electricidad (particularmente la producida con energía solar y eólica), la energía hidráulica sí se puede almacenar fácilmente; basta con no liberar el agua hasta que aparezca la demanda energética.
La generación hidráulica no se ve afectada por los días nublados o por las temporadas en las que no sopla el viento, pero sí es sensible a los ciclos meteorológicos de alternancia entre periodos húmedos y secos. Hay que tener en cuenta además que los embalses suelen emplazarse alejados de las grandes poblaciones, por lo que se requiere transportar la electricidad a través de grandes redes, costosas, y con importantes pérdidas asociadas. Por descontado, los embalses producen alteraciones en el entorno natural, erosiones, pérdidas de suelo fértil y modificación de cauces, entre otros impactos ambientales.

Con todo, incluso cuando las centrales hidráulicas requieren ingentes inversiones, y a pesar de ser cada vez más difícil encontrar emplazamientos adecuados, la energía hidráulica es hoy por hoy la fuente de energía renovable más empleada. A modo de ejemplo, sólo la presa de Itaipú, en Brasil, satisface el 15% de las necesidades energéticas de Brasil y el 95% de la demanda de Paraguay.